La ultima violeta

LA ULTIMA VIOLETA
Era la última violeta de abril. Todas sus hermanas habían muerto, pues la temporada de las violetas había pasado, pero ella permanecía siempre lozana y perfumada al pie de la vieja empalizada, y vio, asustada, cómo las elegantes flores de mayo la rodeaban.
— ¡Vaya! Todavía una violeta y muy bien conservada a pesar de su edad — exclamó la verónica de dulce mirada—. Díme enseguida la fórmula para conseguirlo, querida…
— ¿Cómo haces para conservar este color? —preguntó, muy pálida, la frágil anémona.
— ¡Nadie diría que has nacido en abril! —comentó la ficaria recubierta de oro, con voz aguda—. ¿Es porque permaneces en la sombra?
Y así por el estilo todas las demás, con curiosidad y envidia.
Pero Violeta era tan tímida que no sabía qué contestar. Acosada a preguntas, bajó la cabeza y se ocultó debajo de una hoja.
— ¡Dejadla en paz! —gritó entonces la sencilla margarita, su amiga —. No le gusta que se ocupen de ello. En esto estriba todo su secreto.
En este momento llegó Cathy que hacía un gran ramo de mayo. Recolectó a todas las coquetas y charlatanas, pero respetó a la margarita (realmente hay demasiadas) y no vio a la violeta, la última violeta de abril, que vosotros podréis admirar durante todo el año, si abrís bien los ojos (e incluso si los cerráis), en un rincón de la vieja empalizada, muy escondida.

Etiquetas: , , , ,

Un comentario para “La ultima violeta”

  1. natalia dice:

    Precioso cuento!

Deja un comentario