La arena en el terreno

La arena confiere al terreno una permeabilidad notable y es fácil de trabajar, porque opone poca
resistencia a la penetración de las herramientas. Por otra parte, un suelo rico en arena tiene poca capacidad de retención de agua y sales minerales, por lo que puede resecarse y, en algunos casos, incluso convertirse en estéril. Una cantidad normal de arena en el terreno es del 40-70%.
El lodo está formado por partículas más finas que la arena; en la práctica, tiene la consistencia de la pólvora. El lodo, en cualquier caso, presenta más características comunes con la arena que con la arcilla, por lo que los terrenos ricos en este tipo de partículas tienen, más o menos, las mismas características que los arenosos.
Una cantidad normal de lodo en el terreno es del 25-40%.
La arcilla, además de estar formada por partículas de dimensiones inapreciables, presenta características totalmente distintas que las de la arena y el lodo. En realidad, actúa de “cemento” y mantiene unidas las distintas partes del terreno. Esta propiedad de la arcilla permite que el terreno mantenga una estructura estable y que retenga por largo tiempo el agua y las sustancias nutritivas. Por el contrario, cuando la arcilla es muy abundante, el terreno tiende a retener demasiada agua y, en tal caso, puede darse el dañino fenómeno del estancamiento hídrico. Una cantidad normal de arcilla en el terreno es del 8-15%.
La sustancia orgánica presente en el terreno tiene las mismas características positivas que la arcilla sin poseer las negativas: en efecto, aunque haya una elevada cantidad en el terreno, ello no provoca una retención excesiva de agua.

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