Para infusiones

PARA INFUSIONES Y TISANAS

El empleo de infusiones y tisanas, aunque no es todavía muy popular, está poco a poco siendo apreciado por mucha gente. Tradicionalmente, en Europa y Norteamérica, las hierbas se usaban en forma de simples infusiones y tisanas. Muchas se recetaban para un momento determinado del día o una estación del año. Algunas iban mejor en el desayuno, otras después de merendar y algunas a la hora de acostarse.
Hay un gusto adquirido, aunque las infusiones comunes ricas en taninos, parecen hoy demasiado ásperas. Son, por lo general, muy diferentes de los tés de la India y China, y poseen un aroma y un sabor delicados, aunque son mucho más fuertes y muy aromáticas. Las siguientes hierbas pueden ser adecuadas para un paladar principiante: angélica, bergamota, manzanilla, toronjil, hierbaluisa, tila, romero, salvia y tomillo.
Se prepara una tisana echando 15 gramos de una hierba en medio litro de agua hirviendo y dejándola reposar así siete minutos.
Con algunas especies de camelia se pueden confeccionar infusiones muy parecidas a las comerciales.
Para hacer una infusión es preciso escoger plantas con un cierto contenido en taninos. El aroma de dichas plantas se realza mediante un proceso de fermentación, exactamente igual que se hace con los tés chinos e hindúes. El sabor de todas las infusiones auténticas, al contrario que el de las tisanas, se debe tanto a la fermentación como a la presencia de taninos.
Son plantas adecuadas con taninos la zarza, el pie de león, el frambueso, la adelfilla y la fresa. Se recogen las hojas jóvenes, se dejan secar 24 horas, se machacan, se envuelven en un paño y se ponen a fermentar durante dos o cuatro días en una fresquera templada. Las cantidades pequeñas no llegarán a fermentar, por lo que es preciso emplear al menos 500 g. El proceso final consiste en secar las hojas ahora marrones extendiéndolas en bandejas en un horno caliente.

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