Terrazas

Si pusiéramos en una balanza las ventajas e inconvenientes de estos jardincitos urbanos, quizá pesarían más las primeras, porque en ellos se consigue mayor protección contra las heladas, la sombra adecuada en épocas calurosas y el riego necesario sin problemas… a no ser que haya restricciones. Entre los inconvenientes podríamos citar el paisaje opresivo en algunos casos, el espacio reducido y, a lo mejor, la sombra permanente de algún gran edificio próximo, etc. que limita la elección de plantas.
En cuanto al espacio, se puede «ampliar» con una buena planificación. Si la sombra es inevitable, habrá que plantar especies que vayan bien con esa situación. Y el «paisaje opresivo», se combate formando una pantalla con una combinación de espalderas, plantas y quizá algún arbolillo bien elegido.
No saben bien lo que se pierden, quienes piensan que un espacio pequeño no merece tantas molestias.
Si no hay mucho sitio, es imperativa una disposición sencilla. La sombra, que impone dificultades a su desarrollo y períodos de intensa actividad y crecimiento desordenado, hace que el césped sea algo casi siempre impensable en un entorno urbano. Pero una superficie dura, puede sustiturlo: permite dejar las bicicletas de los niños y poner una mesa y unas sillas, e incluso una cocina para quienes gusten de hacer al aire las tareas de la casa. Además, las superficies duras secan en seguida después de la lluvia, de forma que pueden aprovecharse al máximo todo el año.
Disponer de agua es una ventaja obvia en un jardín situado en una ciu-
dad en que el verano sea muy cálido y seco. Una pequeña fuentecilla elevada en un rincón y adornada con cantos rodados, guijarros y hasta una muela de molino vieja a través de la que surja el agua, constituye un refrescante elemento decorativo. Además, el sonido del agua contribuye a la sensación de frescor.
Quizá el mayor inconveniente sea la atmósfera más o menos contaminada. El polvo y la suciedad del aire afectan a las plantas, ya que pueden llegar a bloquear los estomas o poros diminutos por los que respiran las hojas. Las especies de follaje grisáceo y afieltrado son especialmente sensibles, ya que los pelos fijan una capa de polvo gruesa que es difícil de eliminar.
Con cuidado a la hora de planificar, no será difícil lograr una agradable composición.

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