Teñir con el fruto de la henna y otras plantas

Para teñir.
La mayoría de las civilizaciones han utilizado frecuentemente, en un momento u otro de su desarrollo, ciertas plantas para pintar el cuerpo o teñir el cabello, la piel o las uñas. Los antiguos britanos se servían del glasto para teñirse el cuerpo de azul, pero hoy se cree que la práctica no obedecía tanto a razones cosméticas como a la protección antiséptica que la hierba procuraba a las heridas. Las mujeres egipcias y sudanesas vienen utilizando desde hace 4.000 años la henna como tinte para el pelo, costumbre que hoy se ha extendido a Europa occidental y las sudanesas se pintaban las uñas con un producto elaborado con el fruto de la henna.
La grasilla o tirana sirve para teñir el cabello de rubio, y con una mezcla de aligustre y rábano se obtiene una coloración roja, al igual que con las flores de azafrán y caléndula. La cascara de nueces verdes tiñe con un color pardo-negruzco oscuro y también se puede lograr un castaño progresivamente más oscuro mediante varias aplicaciones de hojas de alcachofa, palo de Brasil, catecú, palo campeche, mirto y corteza de sauce. Para aclarar el cabello, dan resultados bastante buenos la manzanilla, el gordolobo y la raíz de ruibarbo. El único método realmente eficaz de oscurecer las canas consiste en aplicar una infusión concentrada de salvia en té frío todos los días durante semanas.
Diversos coloretes se componían a base de hierbas. El mejor conocido es el elaborado con mijo de sol agreste. En Europa a final del siglo XIX y principios del XX, las mujeres de dudosa virtud se aplicaban en la cara polvos elaborados con la raíz triturada del aro manchado, o a base de flor de lis.

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