Cypella aquatilis

Cypella aquatilis.
Procede del sur de Brasil, donde crece a la orilla de los ríos y arroyos. La planta alcanza, aproximadamente, 50 cm de altura y sus flores presentan un color amarillo intenso con manchitas rojas.

Cypella herbertii

Cypella herbertii:
Desarrolla un tallo con muy pocas hojas que alcanza hasta los 60 cm de altura. Las hojas son rígidas, verdes y punzantes. Los tallos se ramifican en la parte superior y tienen unas preciosas flores amarillas y brillantes, teñidas de lila o marrón, cuyo diámetro es de, aproximadamente, 6 o 7 cm y que se desarrollan en agosto. Existen numerosas variedades encantadoras, tales como la C.h. Ramosa, de flores lila; y la subespe-cie C.h.brevicristata: una planta tierna de flores anaranjadas.

Cipella

Estas plantas bulbosas procedentes de Suda-mérica son originarias de una amplia zona: desde México hasta Argentina. Existen aproximadamente 20 especies y muchísimas variedades con una amplia gama de colores: amarillo, naranja, amarillento blanco amarronado, azul violáceo y anaranjado intenso. A pesar de que cada flor dura solamente un día -abriéndose por la mañana para morir por la noche- cada planta desarrolla muchísimas flores que se van abriendo unas después de las otras a lo largo de varias semanas. Una de las más conocidas es la Cypella herbertii, arriba a la derecha, originaria de Argentina y Uruguay. Es bastante resistente en áreas cálidas del sur o del oeste, al igual que en aquellas bañadas por la corriente del Golfo. Las alegres flores amarillas, teñidas de color lila o de marrón, crecen al promediar el tiempo estival entre hojas tiernas y con su característica forma de lanza.
Cuidados en primavera y verano:
Trasplante sus bulbos de Cypella cada año a principios de la primavera, utilizando tierra viana y arenosa. Plante los bulbos con una capa de unos 8 cm de compost encima, en forma individual y colocándolos en macetas de unos 8 o 13 cm de diámetro. Coloque las macetas en un sitio soleado, preferentemente alejado de corrientes de aire. Proporcione un riego abundante al compost y, luego, riegúela sólo lo suficiente como para que aquél se mantenga húmedo durante la primavera y el verano. No es necesario el uso de fertilizantes, porque los bulbos son trasplantados a compost fresco cada año, lo que les proporciona los nutrientes que necesitan.
Cuidados en otoño e invierno:
Después de que las flores se han secado, en otoño, mantenga el compost seco: en zonas húmedas, transporte las macetas a un rincón protegido y déjelas levemente inclinadas para evitar que el agua de lluvia penetre en el compost. Cuando éste esté completamente seco y las hojas se hayan marchitado, saque los bulbos de las macetas y guárdelos en cajas llenas de turba o arena seca, en un sitio protegido de las heladas, hasta la primavera próxima.
Propagación:
Quite los pequeños retoños del bulbo de la base de la planta madre en la primavera, justo antes de trasplantarla. A lo largo de las estaciones cálidas, crecerán hasta convertirse en bulbos más grandes, que ya podrán ser guardados tal como hemos explicado, durante el invierno.

C.grandiflorum

C.grandiñorum.
Procede de los Himalaya orientales y es de tipo «normal». Las hojas alcanzan hasta 60 cm de largo y, en cada espiga, florecen entre seis y doce flores de 7 a 10 cm de diámetro. Éstas son levemente carnosas y de fragancia muy dulce, casi verdes y con un labelo amarillo salpicado de motas rojas.

C.devonianum

C.devonianum:
Originaria de Assam y Sikkim, en la India, tiene flores de color verde amarillento muy fuerte con manchitas carmesí y un labelo rojizo. Las flores tienen un diámetro de unos 25 o 38 mm y crecen en abundancia.

Cymbidium virescens

C.virescens:
Procede del Japón y es una preciosa miniatura de hojas tiernas y flores rojas y verdes con un labelo blanco manchado de rojo. Angustifolium es una variedad de flores verdes con rayas púrpura y un labelo blanco amarillento con manchitas amarillas o color púrpura.

Cymbidium pumilum

Cymbidium pumilum.
Procedente del sur de China, es una variedad terrestre, es decir, que crece en el suelo. Sus hojas son largas, lustrosas y verdes, y miden unos 30 cm de largo. Sus flores aceradas son de color rojo amarronado y amarillas; miden unos 5 cm de diámetro. Esta especie es el origen de varios híbridos, tanto de tipo «normal» como «miniatura». La Albo marginatum tiene hojas de bordes blancos y flores rojas amarronadas, con un labelo blanco con manchitas rojas. La floración se produce en verano-otoño. La flirtation es una verdadera miniatura muy compacta. Sus flores crecen en varias tonalidades de crema verdoso, rosado o púrpura, pero todas ellas tienen un labelo blanco con manchitas marrones. La Mary Pinchess Del Ray, procedente de América, es un Cimbidium muy conocido que da flores de color amarillo.

Cimbidium

Si le gustan las Orquídeas pero no tiene una casa lo suficientemente cálida como para cultivarlas, el Cimbidium le encantará, ya que es una planta preciosa. La mayor virtud de esta orquídea es que es un espécimen fácil de cultivar; soporta ciertos descuidos y, aún así, se las arregla para desarrollar unas preciosas flores. En su habitat natural, el Cimbidium crece tanto en los árboles como en el suelo; y tanto en las áreas semi desérticas como en las más lluviosas de Australia y el Lejano Oriente. Las especies de interior, sin embargo, son del tipo que crecen en árboles. La popularidad del Cimbidium ha llevado a los cultivadores a desarrollar numerosos híbridos, los cuales dan flores en una amplia variedad de colores: desde blanco inmaculado hasta púrpura, rosa o rojo y muchas veces con jaspeados de otro color en el centro. Cada espiga puede llegar a albergar unas 15 flores de siete cm de diámetro cada una, y una planta puede llegar a tener tres o más de estas espigas en una temporada; cada flor dura unas seis semanas. Los híbridos del Cimbidium están divididos en dos grupos: los «normales», que son plantas grandes y arqueadas de más de 1,2 m; y los «miniatura» que alcanzan una altura máxima de 38 cm. Estos segundos, por su tamaño, son los ideales para planta de interior. Cuidados en primavera y verano Las Orquídeas necesitan ser trasplantadas solamente una vez cada tres o cuatro años, durante la primavera. En los centros de jardinería se consiguen muy buenos composts especiales para estos ejemplares; pero Ud. mismo puede hacérselo mezclando una medida de tierra negra fibrosa, dos de musgo de sp-hagnum y una de arena lavada de río. Asegúrese de que el drenaje sea bueno, colocando en la base algunos trozos de una maceta rota o algunas cuantas piedrecillas. En los meses de primavera y verano riegúela abundantemente, dejando que el com-post se seque casi por completo entre cada riego (el exceso de agua perjudicaría las raíces). Cada dos semanas, durante la temporada de crecimiento, añada al agua unas cuantas gotas de un fertilizante líquido con alto contenido de nitrógeno, o bien compre un fertilizante especial para Orquídeas. Hacia finales de invierno, cambie a un fertilizante con mayor contenido de potasio.
Los Cimbidium prefieren una atmósfera húmeda, por lo tanto, rocíelo con agua regularmente cuando hace calor, pero no lo haga bajo los rayos del sol. En resumen, su planta se sentirá feliz en un sitio luminoso pero no al sol directo, ya que éste podría chamuscar las hojas y hasta incluso matarlas. La temperatura ideal durante los meses de verano será entre 15 y 24 °C. Cuando las temperaturas exteriores son moderadas, lleve su planta al exterior, en un sitio protegido de los rayos del sol, para que pueda disfrutar del aire fresco.
Cuidados en otoño e invierno:
Muchos Cimbidium florecen desde finales del otoño hasta principios de la primavera y, durante esta época, necesitan cuidados especiales. Una temperatura de entre 15 y 18 °C es la ideal durante los meses de invierno, aunque puede bajar hasta los 13 °C durante la noche, siempre y cuando ascienda durante el día. Su planta se desarrollará mejor si le proporciona buena circulación de aire, teniendo cuidado con las corrientes frías. Mantenga su Cimbidium en un lugar bien iluminado, pero no expuesta a los rayos del sol ni a la sombra total, especialmente cuando haya florecido.
Si puede, recoja agua de lluvia- si no le es posible, utilice agua templada del grifo. Riegúela abundantemente y, luego, espere a que el compost se haya secado del todo antes de volver a regarla.
Al comenzar el otoño, su planta es posible que forme ya las espigas florales, pero tardará dos o tres meses en producir las flores. Cuando las espigas están bastante altas, átelas suave pero firmemente a delgadas estacas de modo que puedan mantenerse erguidas. Tenga cuidado cuando inserte dichas varillas en el compost, hágalo suave y lentamente, e irá notando las raíces a medida que lo hace.
Propagación:
La única forma práctica de obtener un nuevo ejemplar de Cimbidium es por división, aunque seguramente su planta no florecerá el año siguiente al que ésta se realiza.
Divídala de la siguiente forma: sáquela de la maceta, quitándole el compost. Vea dónde se bifurca naturalmente en dos y separe ambas partes. Tendrá que hacerlo firmemente, pero tratando de dañarla lo menos posible.
Plante las partes divididas por separado en turba de sphagnum, colocándolas en macetas apenas más grandes que lo que las raíces necesitan. Mantenga el compost húmedo y la planta en un sitio sombrío pero cálido hasta que comiencen a desarrollar raíces. Cuando las plantas divididas muestran nuevos brotes, trasplántelas a nuevas macetas, también apenas más grandes que lo que las raíces necesitan; llénelas con un buen compost especial para Orquídeas, constituido por dos medidas de turba de sphagnum por cada una de tierra negra fibrosa y otra de arena de río lavada. Consiga un buen drenaje colocando una capa de piedrecillas en la base de cada recipiente. A partir de este momento podrá tratarlas ya como plantas maduras.

Tipos de jardines laberintos

Tipos:
La formas -circulares, ovoides, espirales, cuadradas, rectangulares, octogonales, dodecagonales, trapezoidales o completamente irregulares- y el tamaño de los laberintos no tienen límites. El trazado puede materializarse de muy distintas maneras:
Setos altos.
Con árboles como el arce, carpe, tejo o ciprés, pueden conseguirse barreras vegetales de una altura superior a dos metros.
Setos bajos.
Permiten ver por encima del hombro lo que hay más allá y a otros visitantes perdidos en el enredado trazado, que puede delimitarse con arbustos como el aligustre, el boj o el mirto.
Pradera.
La forma global del diseño es más fácil de apreciar en este tipo de laberintos. Se puede acentuar el trazado diferenciando el recorrido con gravilla, pequeñas elevaciones del terreno o hundimientos en forma de fosos.
Agua.
El agua es un elemento que fluye y siempre encuentra la salida, antes o después. Puede servir de vehículo para que la persona se mueva por el laberinto.
Pavimento.
Los dédalos dibujados en el suelo o en las paredes jugando con distintos tipos de pavimento fueron muy frecuentes en la época romana en forma de mosaicos y aludían constantemente a la mitología clásica.

Simbologia de los jardines con laberintos

SIMBOLOGÍA:
El recorrido por el laberinto es un camino iniciático, que representa las dudas y los enigmas que tiene el hombre en la vida, las distintas opciones para llegar a un solo fin y la facilidad que existe para la confusión y para no optar por el camino adecuado. Pero también es un mundo de contradicciones, símbolo de lo bueno y de lo malo, de la vida y de la muerte, un espacio terrorífico y aterrador o un lugar lúdico y de diversión. En el mundo cristiano fue, en principio, símbolo del camino que se aparta de Dios y conduce a la ignorancia. A partir del siglo XIV, recuperó su sentido positivo, como el recorrido del peregrino en pos de la verdad. En la cultura egipcia, en el centro del laberinto espera el Dios supremo para el juicio por las acciones realizadas en vida.
Trazado:
La mayoría de los laberintos plantean varios recorridos, de los cuales sólo uno será el adecuado para llegar al final, de ahí el sentimiento de incertidumbre que despiertan. Existen también laberintos de sentido único, en los que hay un solo camino que se va enroscando sobre sí mismo para llegar a un centro. No hay riesgo de perderse en él, pero la trayectoria zigzagueante o sinuosa hace que se pierda la orientación. Los laberintos tienen a menudo un trazado difícil de entender al primer golpe de vista y que parece ininteligible y complicado de asimilar mentalmente. Pueden parecer azarosos en su trazado, pero muchos de ellos guardan una simetría interna, que se puede comprobar si se desgaja su diseño.