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Realizar perfumes florales

Viernes, 27 de enero de 2012

AGRADABLES PERFUMES
Hasta la segunda mitad del siglo XIX, muchas de las grandes viviendas de Europa incluían una sala de destilería, donde las mujeres destilaban plantas en una vasija de vidrio o piedra conocida con el nombre de retorta. Claveles, manzanilla, hinojo, geranios, espliego, menta, rosas, romero, tomillo y muchas otras plantas aromáticas se recogían en la flor de su vida y se mantenían así con el mencionado propósito. Las mezclas de aceites esenciales y agua resultantes —«aguas florales»— despedían los aromas característicos de las flores o plantas utilizadas y se producían en cantidad suficiente para que durasen hasta la siguiente época de floración.
En la actualidad es fácil elaborar aguas florales añadiendo dos o tres gotas del aceite esencial, o esencia de bergamota, geranio, lavanda, tilo, azahar, rosa o romero, a medio litro de agua destilada y agitando la mezcla. El agua de rosas confeccionada de este modo constituye un excelente after-shave de propiedades astringentes, mientras que el agua de lavanda es ideal para las jaquecas. Muchas aguas florales se pueden añadir a discreción al agua del baño y utilizar como loción para después de la ducha.
Los aceites esenciales de plantas muy concentrados se obtenían también por destilación y eran los ingredientes de los perfumes caseros. En la mayoría de los casos se mezclaban varios de estos aceites y se añadía alcohol puro como disolvente base.
Muchas veces se añadían aceites o resinas importados. Algunos de los más conocidos desempeñaron un papel predominante en la historia del comercio mundial: por ejemplo, el benjuí (resina de Styrax benzoin, árbol de crecimiento muy rápido oriundo de Tailandia, Java y Sumatra), el incienso (resina de Boswellia thurifera, que crece en la costa sur de la península arábiga y en el este de África) y la mirra (resina de Commiphora myrrha, arbusto bajo de Arabia Saudí y Somalia). Otros perfumes del Medio y Extremo Oriente son el lemongrás, opopónaco, pachulí, sándalo y estoraque.
En muchos casos las plantas no se usaban sólo en la elaboración de perfumes para uso personal, sino también como ingredientes fundamentales de las mezclas de incienso, pebetes perfumados y demás métodos de aromatizar y purificar los lugares más frecuentemente habitados de la casa.