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Cuidado de plantas

Domingo, 1 de mayo de 2011

¿Son aconsejables los preparados para embellecer las plantas ?
No, porque obstruyen ios poros de la epidermis de las hojas, impidiendo la transpiración, lo que puede causarles serios trastornos. Lo mejor es utilizar agua tibia.
ES indudable que el follaje de las plantas se presta para que se deposite en él el polvo, lo que sucede todos los días en las que se mantienen en el interior de las viviendas. Plantas que se cultivan precisamente por la vistosidad de sus hojas, como pueden ser el Ficus, la Monstera, el Philodendron, el Scindapsus y tantas otras, que pierden su belleza cuando el polvo se acumula sobre ellas. Lo mismo sucede en plantas con hojas más pequeñas, que quedan igualmente afectadas. La acumulación de grasa sobre el follaje de plantas mantenidas en la cocina resultan también frecuentes, afectando más a las que tienen sus hojas cubiertas de vellosidad. También los gases del escape de los coches y los humos de las calefacciones producen depósitos de polvo, partículas de hollín y grasa sobre las plantas que se mantienen en terrazas y balcones.
A la vista de todo lo anterior, aparece como fundamental la limpieza de las hojas, tanto de las plantas que mantenemos en el exterior como las que tenemos dentro de casa. Esta limpieza es conveniente llevarla a cabo con la frecuencia necesaria para que las plantas conserven su belleza.
Existen en el comercio diversos productos destinados a este fin, usados fundamentalmente como abrillantadores de las grandes hojas de los Ficus, de las Aspidistras, etc. En la mayoría de los casos, este brillo se consigue pulverizando unos preparados que contienen ceras, lacas, aceites o cualquier otro componente. En definitiva, se lleva a cabo un depósito sobre las hojas extraño para la planta y, completamente antinatural.
Nosotros no estamos muy de acuerdo con el uso de estos productos, pues, aunque es cierto que algunos de ellos pueden resultar inocuos para las plantas, en la mayoría de los casos no hacen sino tapar los estomas o
poros de la epidermis de las hojas, dificultando así la transpiración normal de la planta y causando por ello un notable perjuicio a la misma.
La utilización de cerveza, leche o cualquier otra sustancia empleada como medio casero de limpieza de hojas, tampoco tiene ningún sentido, fundamentalmente porque no sabemos en qué se puede basar su utilidad. Más bien hay que pensar que el empleo de leche para la limpieza del follaje ha de resultar perjudicial para la planta, debido precisamente al contenido en grasa de la misma.
Por consiguiente, lo mejor para la limpieza o para el «embellecimiento» de las plantas es el agua, tibia si puede ser. Si se trata de limpiar hojas grandes y consistentes, lo más cómodo es hacerlo con un paño o con una esponja humedecidos. Si el follaje que se trata de limpiar es más delicado o las hojas son más menudas, puede aplicarse agua pulverizada. La colocación de las plantas bajo el agua de la ducha suele dar muy buenos resultados para la eliminación del polvo.
Si se ha acumulado grasa sobre el follaje, lo que, como hemos visto anteriormente, es muy normal en la ciudad, conviene añadir al agua de limpieza algún producto detergente, tanto si se aplica con esponja o con paño humedecido, como si se pulveriza, que ayudará decisivamente a disolver y arrastrar la grasa. Ahora bien, no olvide nunca volver a lavar con agua limpia para eliminar posibles residuos de detergente que se hayan depositado sobre las hojas.
En resumen: olvide la existencia de los «embellecedores» del mercado, y emplee exclusivamente agua.