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Textura del suelo

Viernes, 30 de abril de 2010

LA TEXTURA
El terreno está formado por distintos componentes, llagados partículas, que se clasifican a partir de su tamaño. Esta clasificación, que se conoce como textura, se sirve de las técnicas de medición que dividen as partículas en función de su diámetro.
La escala de medida que se emplea habitualmente en Europa es la escala granulométrica internacional, elaborada por la S.I.C.S. (Sociedad internacional de las ciencias del suelo), que se reproduce adjunta.
En dicha tabla se distinguen, en concreto:
* los principales grupos de partículas, llamados fracciones;
la subdivisión de las fracciones en grupos más pequeños, llamados clases granulométricas;
el diámetro de las partículas que pertenecen a cada grupo. Como puede comprobarse en la tabla, las partículas del terreno se dividen en 2 grandes categorías:
– el esqueleto, que incluye todas las partículas de diámetro superior a los 2 mm;
– la tierra fina, que comprende todas las partículas de diámetro inferior a 2 mm.
La textura del terreno, es decir, su composición, se mide mediante el cálculo de los porcentajes de arena, lodo o limo y arcilla que lo forman.
Desde un punto de vista práctico, la arena gruesa o el sable se consideran un único grupo de partículas. Partiendo de la textura, es decir, de la composición, pueden distinguirse distintos tipos de terreno:
Terreno de mezcla media (también llamado mediano): se define de este modo aquel terreno que contiene del 50% al 70% de arena, del 25% al 40% de lodos y del 5% al 15% de arcilla, así como una cantidad de sustancia orgánica superior al 2%.
Este tipo de terreno se considera el más idóneo para albergar toda clase de cultivos, por cuanto presenta una composición equilibrada.
Terreno suelto: contiene más del 70% de arena (o más del 40% de lodos) y menos del 5% de arcilla. Por lo general es de fácil labranza, pero presenta todos los defectos de la arena, es decir, una escasa capacidad para retener el agua y las sustancias nutritivas.
En este terreno crecen bien todas aquellas plantas que no toleran las aguas estancadas, aunque sea por breves períodos, como el melón, el pepino o el espárrago.