Philodendron

Philodendron
Tipo: perennes trepadoras o arborescentes
Familia: ARACEAE Tamaño adulto: hasta 4,5 m de altura si se conhna en maceta Aplicación especial: planta de interior o invernadero

PHILODENDRON, cuyo nombre deriva del griego phileo (buscar), y dendron (árbol) haciendo referencia al hábito que tiene la planta de trepar a los árboles, es originaria de las regiones tropicales de Sudamérica.
En el ambiente cálido y húmedo de la selva, Philodendron produce hojas magníficas, cuyo tamaño podría ser excesivo para un salón. Sin embargo, la humedad de un interior es mucho más baja, y como respuesta la planta forma en este ambiente hojas de tamaño muy inferior y más manejables.
Entre los filodendros hay especies trepadoras, como P. hastatum, de hojas anchas y sagitadas, mientras que en otras surgen a partir de un fuerte tallo central formando una especie de estrella. Esto ocurre en el magnífico P. wendlandii, con hojas verdes, brillantes, de pecíolos cortos que se agrupan en torno al tallo central.
P. echelrii es conocido como el rey de los filodendros arborescentes; en una maceta grande, alcanzará un radio de 3,6 m y una altura de 4,5 cuando crece en un invernadero con una temperatura mínima de 21°”C.
P. bipinnatifidum es el más conocido de los filodendros radiantes, y sin duda el más fácil de conseguir. Es fácil de cultivar a partir de semillas y no necesita demasiado sitio. Las hojas verdes profundamente hendidas están sujetas por delgados pecíolos cuya longitud puede ser de 60 cm o más.
Los ejemplares adultos de los filodendros de hoja grande suelen producir inflorescencias formadas por una espata (o bráctea envolvente) curvada protectoramente en torno al espádice central (o espiga florífera), de la que con frecuencia se recogen las semillas; el color de la espata varía entre el blanco crema y un delicioso borgoña claro en P. echlerii. Conservan el color durante sólo unos pocos días, y luego se marchitan y mueren.
El género cuenta con algunas otras especies excelentes, de la que la más conocida probablemente sea P. scan-dens, con hojas en forma de corazón.
A medida que los filodendros de hojas más grandes vayan creciendo y adquiriendo un aspecto más robusto, irán formando raíces aéreas sobre el tronco; en la naturaleza le sirven para sujetarse. Aunque algunas pueden quitarse sin demasiado perjuicio para la planta, no es aconsejable eliminar demasiadas; lo mejor es atarlas al tronco y dirigir el ápice de las mismas hacia la tierra o hacia un receptáculo con agua para que recojan humedad cuando la planta más la necesite.
Conviene poner tutores a estas grandes plantas; deben ser resistentes y estar cubiertos con una capa gruesa de Sphagnum, bien atado con hilo de nylon o alambre forrado de plástico. Las raíces aéreas se sujetarán al musgo, siempre que éste se mantenga húmedo mediante pulverizaciones regulares. El empleo de soportes cubiertos de musgo es particularmente interesante para los ejemplares mantenidos en interiores, porque la constante pulverización del mismo generará una atmósfera húmeda en el ambiente. En interiores, y en cualquier caso, es fundamental proporcionarles sombra, humedad y calor.
La tierra de las macetas ha de ser suelta, turbosa y bien drenada; aunque la humedad continua es fundamental, tanto o más lo es que la tierra no permanezca inundada durante períodos prolongados, porque la consecuencia segura será la putrefacción de las raíces. Una buena mezcla consiste en dos tercios de mantillo para macetas más un tercio de turba de Sphagnum fresca. Hay que apretar bien la mezcla, pero no tanto como para que se vuelva dura. Aplique regularmente a las plantas ya asentadas un fertilizante líquido; de esta forma podrá conservar las plantas mayores en macetas de 25 cm en buen estado.

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