Realizar perfumes florales

AGRADABLES PERFUMES
Hasta la segunda mitad del siglo XIX, muchas de las grandes viviendas de Europa incluían una sala de destilería, donde las mujeres destilaban plantas en una vasija de vidrio o piedra conocida con el nombre de retorta. Claveles, manzanilla, hinojo, geranios, espliego, menta, rosas, romero, tomillo y muchas otras plantas aromáticas se recogían en la flor de su vida y se mantenían así con el mencionado propósito. Las mezclas de aceites esenciales y agua resultantes —«aguas florales»— despedían los aromas característicos de las flores o plantas utilizadas y se producían en cantidad suficiente para que durasen hasta la siguiente época de floración.
En la actualidad es fácil elaborar aguas florales añadiendo dos o tres gotas del aceite esencial, o esencia de bergamota, geranio, lavanda, tilo, azahar, rosa o romero, a medio litro de agua destilada y agitando la mezcla. El agua de rosas confeccionada de este modo constituye un excelente after-shave de propiedades astringentes, mientras que el agua de lavanda es ideal para las jaquecas. Muchas aguas florales se pueden añadir a discreción al agua del baño y utilizar como loción para después de la ducha.
Los aceites esenciales de plantas muy concentrados se obtenían también por destilación y eran los ingredientes de los perfumes caseros. En la mayoría de los casos se mezclaban varios de estos aceites y se añadía alcohol puro como disolvente base.
Muchas veces se añadían aceites o resinas importados. Algunos de los más conocidos desempeñaron un papel predominante en la historia del comercio mundial: por ejemplo, el benjuí (resina de Styrax benzoin, árbol de crecimiento muy rápido oriundo de Tailandia, Java y Sumatra), el incienso (resina de Boswellia thurifera, que crece en la costa sur de la península arábiga y en el este de África) y la mirra (resina de Commiphora myrrha, arbusto bajo de Arabia Saudí y Somalia). Otros perfumes del Medio y Extremo Oriente son el lemongrás, opopónaco, pachulí, sándalo y estoraque.
En muchos casos las plantas no se usaban sólo en la elaboración de perfumes para uso personal, sino también como ingredientes fundamentales de las mezclas de incienso, pebetes perfumados y demás métodos de aromatizar y purificar los lugares más frecuentemente habitados de la casa.

Plantas para la cosmetica

El palo de Brasil (Caesalpinia brasiliensis) y el palo campeche (Haematoxylon campechianum) se usan para oscurecer el cabello. El azafranillo (Carthamus Imetornys), es un sucedáneo del azafrán (Crocus sativus). Del fustete (Machira tinctoria) se extrae un tinte para la madera, de muy buena calidad.

Las hierbas en la perfumería y en la cosmética

Las hierbas en la perfumería y en la cosmética
Los cosméticos a base de plantas no son sólo la forma ideal de cuidar la belleza del rostro y el cuerpo, sino también una de las más inocuas para las personas alérgicas. Esto, unido a su fragancia natural y ausencia de aditivos artificiales, induce a las casas de perfumería más importantes a utilizarlas hoy como se hacía hace 4.000 años.
Desde la época del Antiguo Egipto, el hombre es consciente de que sólo se puede conseguir un aspecto atractivo y saludable partiendo de un cuerpo sano. En consecuencia, se consumían plantas para «purificar» la sangre y facilitar la secreción natural de las llamadas «toxinas» y otras sustancias de desecho superfluas. De igual modo, las plantas se aplicaban externamente para enmascarar olores, así como para nutrir y limpiar la piel y colorear el cabello, la piel y las uñas. Aunque las plantas utilizadas con estos fines reciben el nombre de hierbas «cosméticas», muchas de ellas ejercen además un verdadero efecto terapéutico, favoreciendo el desarrollo celular y la curación de heridas, actuando como antisépticos o aportando minerales, vitaminas y aceites.
Pocas veces se tiene en cuenta el hecho de que la piel es el órgano más extenso del cuerpo. No sólo cumple las funciones de capa protectora vital que salvaguarda de la penetración bacteriana, sino que además mantiene y regula la temperatura del organismo y actúa como órgano excretor de sustancias tóxicas.
La piel está formada por capas de células y contiene por lo menos tres tipos de glándulas: las sudoríparas, que secretan agua, sales minerales y urea y contribuyen a mantener la acidez correcta de la piel; las sebáceas, situadas en torno a los folículos pilo-
sos y abiertas a ellos, que producen la grasa natural, el llamado sebo; y las glándulas apocrinas, localizadas en las axilas, las mamas y la región genital, que producen secreciones odoríferas. Todas deben funcionar para que el organismo se mantenga sano.

Daphne

Daphne
Tipo: arbusto resistente deciduo Familia: THYMELAEACEAE Estación de floración: algunas especies florecen todo el año Tamaño adulto: hasta 1,5 m de altura; 60-100 cm de anchura

EL género Daphne incluye 70 especies de arbustos vistosos y suavemente aromatizados que, en general, son de pequeño tamaño. Su nombre es el de la diosa de los ríos de la mitología griega, que se convirtió en un laurel para huir a la observación de Apolo; el nombre de la diosa procede a su vez de una raíz indoeuropea que significa «olor».
Daphne mezereum se extiende en Europa desde Escandinavia a España y el norte de Grecia. Prefiere los suelos calizos y la sombra de los bosques, no necesita poda y florece abundantemente en febrero y marzo antes de que aparezcan las hojas. A las flores, olorosas y de un color rosado-púrpura, siguen frutos en baya rojos, venenosos; la variedad D.m. Alba tiene flores blancas y bayas amarillas; D.m. Grandiflora produce a lo largo de todo el invierno flores de tamaño superior al del tipo.
Hay dos especies perennifolias —D. pontica y D. laureola— cuyas flores no son tan atractivas.
Hay numerosas especies de menor tamaño, entre los 15 y los 45 cm de altura, que florecen más tarde y son idóneas para jardines de roca. Son buenas a este respecto D. alpina, D. blagayana, D. cneorum y D. collina.
Daphne se multiplica mediante semillas en otoño, en cajoneras con una mezcla a partes iguales de tierra, turba y arena. Germinarán de forma natural en febrero si se llevan a un invernadero caliente. La mayor parte de los tipos pueden multiplicarse por acodo, aunque algunos más raros pueden injertarse en primavera a D. mezereum si son deciduos o a D. laureola si son perennifolios.

Philodendron

Philodendron
Tipo: perennes trepadoras o arborescentes
Familia: ARACEAE Tamaño adulto: hasta 4,5 m de altura si se conhna en maceta Aplicación especial: planta de interior o invernadero

PHILODENDRON, cuyo nombre deriva del griego phileo (buscar), y dendron (árbol) haciendo referencia al hábito que tiene la planta de trepar a los árboles, es originaria de las regiones tropicales de Sudamérica.
En el ambiente cálido y húmedo de la selva, Philodendron produce hojas magníficas, cuyo tamaño podría ser excesivo para un salón. Sin embargo, la humedad de un interior es mucho más baja, y como respuesta la planta forma en este ambiente hojas de tamaño muy inferior y más manejables.
Entre los filodendros hay especies trepadoras, como P. hastatum, de hojas anchas y sagitadas, mientras que en otras surgen a partir de un fuerte tallo central formando una especie de estrella. Esto ocurre en el magnífico P. wendlandii, con hojas verdes, brillantes, de pecíolos cortos que se agrupan en torno al tallo central.
P. echelrii es conocido como el rey de los filodendros arborescentes; en una maceta grande, alcanzará un radio de 3,6 m y una altura de 4,5 cuando crece en un invernadero con una temperatura mínima de 21°”C.
P. bipinnatifidum es el más conocido de los filodendros radiantes, y sin duda el más fácil de conseguir. Es fácil de cultivar a partir de semillas y no necesita demasiado sitio. Las hojas verdes profundamente hendidas están sujetas por delgados pecíolos cuya longitud puede ser de 60 cm o más.
Los ejemplares adultos de los filodendros de hoja grande suelen producir inflorescencias formadas por una espata (o bráctea envolvente) curvada protectoramente en torno al espádice central (o espiga florífera), de la que con frecuencia se recogen las semillas; el color de la espata varía entre el blanco crema y un delicioso borgoña claro en P. echlerii. Conservan el color durante sólo unos pocos días, y luego se marchitan y mueren.
El género cuenta con algunas otras especies excelentes, de la que la más conocida probablemente sea P. scan-dens, con hojas en forma de corazón.
A medida que los filodendros de hojas más grandes vayan creciendo y adquiriendo un aspecto más robusto, irán formando raíces aéreas sobre el tronco; en la naturaleza le sirven para sujetarse. Aunque algunas pueden quitarse sin demasiado perjuicio para la planta, no es aconsejable eliminar demasiadas; lo mejor es atarlas al tronco y dirigir el ápice de las mismas hacia la tierra o hacia un receptáculo con agua para que recojan humedad cuando la planta más la necesite.
Conviene poner tutores a estas grandes plantas; deben ser resistentes y estar cubiertos con una capa gruesa de Sphagnum, bien atado con hilo de nylon o alambre forrado de plástico. Las raíces aéreas se sujetarán al musgo, siempre que éste se mantenga húmedo mediante pulverizaciones regulares. El empleo de soportes cubiertos de musgo es particularmente interesante para los ejemplares mantenidos en interiores, porque la constante pulverización del mismo generará una atmósfera húmeda en el ambiente. En interiores, y en cualquier caso, es fundamental proporcionarles sombra, humedad y calor.
La tierra de las macetas ha de ser suelta, turbosa y bien drenada; aunque la humedad continua es fundamental, tanto o más lo es que la tierra no permanezca inundada durante períodos prolongados, porque la consecuencia segura será la putrefacción de las raíces. Una buena mezcla consiste en dos tercios de mantillo para macetas más un tercio de turba de Sphagnum fresca. Hay que apretar bien la mezcla, pero no tanto como para que se vuelva dura. Aplique regularmente a las plantas ya asentadas un fertilizante líquido; de esta forma podrá conservar las plantas mayores en macetas de 25 cm en buen estado.

¿Con qué semillas de frutas se pueden obtener bonitas plantas?

¿Con qué semillas de frutas se pueden obtener bonitas plantas?
Prácticamente con todas, ya sean de hueso o pepita, siempre que se les proporcione las condiciones de suelo y temperatura que requiere cada especie.

Para las personas amantes de las plantas puede constituir una verdadera satisfacción obtener plantas perennes, que pueden llegar con el tiempo a ser verdaderos árboles, partiendo de semillas de frutos sembradas por ellas mismas. Es realmente apasionante observar cómo de aquella semilla nace una pequeña plantita y cómo ésta se va desarrollando. Vale para ello todo tipo de semillas, tanto las de frutas de hueso como las de pepita, así como nueces, castañas, piñones, bellotas, dátiles, etc. Por supuesto, hay que descartar las semillas obtenidas de frutos que hayan pasado por algún proceso de conservación, ya que la cocción, la maceración, la fermentación, etc., probablemente hayan dañado al embrión de la semilla y ésta resulte incapaz de germinar.
La forma normal de actuar con huesos de albaricoque, melocotón, cereza, etc., es enterrar uno o dos de estos huesos en una maceta llena de una mezcla de tierras apropiada (normalmente mantillo y arena), procurando que este sustrato esté siempre húmedo. Al cabo de algún tiempo, que puede ser de meses si la siembra se ha realizado en época fría y la maceta se sitúa al exterior, la semilla habrá germinado y un brote de un árbol frutal emergerá de la tierra. La germinación de estos huesos puede sin duda adelantarse si se mantienen sumergidos en agua tibia durante algún tiempo, si se quebranta la capa dura que protege a la almendra y si se mantiene la maceta en el interior o en un lugar protegido.
Con semillas grandes, como las del aguacate, y que además requieren una alta temperatura de germinación, lo mejor es mantener a medias sumergido el hueso en agua tibia en un lugar caliente y bien iluminado, con lo cual se provocará la emisión de raíces y de un tallito, pudiéndose trasplantar a una maceta con tierra rica y suelta cuando el tallo haya producido hojitas y cuando las raíces sean más o menos abundantes.
La siembra de semillas de especies forestales, como piñones, bellotas, castañas, etc., tiene la ventaja de poderse realizar sin ningún tipo de problema en tierra de peor calidad y manteniendo las macetas permanentemente en el exterior, ya que estas semillas presentan menos exigencias en cuanto a su germinación. No obstante, agradecerán tener el suelo húmedo.
Es posible, incluso, obtener pequeños arbolitos de naranjos y limoneros a partir de semillas. En este caso, sin embargo, hay que extremar los cuidados, pues la germinación y el desarrollo posterior de las jóvenes plantitas exige un ambiente cálido como el del habitat natural de estas plantas.
En todos estos casos y con una buena dosis de paciencia, obtendrá lo que desea. Por supuesto, lo que se pretende con esto es la satisfacción personal de ver crecer en nuestra propia casa un frutal que nosotros mismos hemos sembrado, pues pretender que ese arbolito nos llegue a dar fruto es ya demasiado. Sin embargo, en determinadas condiciones de situación y cambiando progresivamente la maceta, es posible que lleguen a florecer, e incluso, en casos excepcionales, a producir algún fruto.
Para que los arbolitos adquieran buen aspecto, será preciso proceder a pinzamientos y podas de formación a medida que crecen, pues solamente así se obtendrá un follaje extenso y la producción de ramas; de lo contrario, crecería larguirucho y desgarbado.

Grupo Stapelia

Grupo Stapelia
Sus flores son polinizadas por la mosca de la carne, atraídas por el olor a podrido que exhalan. Las semillas se forman en dos grandes vainas y se dispersan por todas partes si no se recogen pronto.

Haworthia

Haworthia. Las hojas suelen ir adornadas de puntos blancos dispuestos geométricamente, y otras son casi traslúcidas. Las flores, blancas y diminutas, se desarrollan al extremo de escapos largos y delgados.

Lithops

Lithops. Conocidas como «piedras vivientes», el color de las especies de Lithops se adapta al entorno para actuar como camuflaje. La planta está formada por un par de hojas extremadamente suculentas de entre las que surge la flor, de color blanco o amarillo. Son tan fáciles de cultivar si no se olvida que en el hemisferio norte crecen en otoño e invierno y que, por tanto, no deben regarse en primavera ni al comienzo del verano.

Euphorbia

Euphorbia. Es uno de los géneros más extendidos y variados del mundo vegetal: va desde ejemplares altos y parecidos a un árbol hasta amplias masas de crecimiento bajo parecidas a arbustos. La flor de Pascua pertenece a dicho género, siendo su denominación Euphorbia pulcherrima. Son plantas en su mayoría fáciles de multiplicar a partir de semillas y esquejes, aunque hay que tener cuidado con las que desprenden una savia lechosa, ya que provoca ceguera si entra en contacto con los ojos.